Vestir a la francesa: Capítulo 1, El allure de la camisa blanca

El estilo de una francesa invita a más que la apreciación pues propone a ir un poco más para saborear con gusto propio el esplendor que trae consigo. Un significado atrayente, mágico y deletreado por un je ne sais quoi, un allure difícil de descifrar y que es digno de miradas y reconocimiento. Si admiramos las prendas icónicas de su estilo, podemos tener desde un abrigo de corte simple y moderno, jeans en varias versiones, pinta labios rojo, innumerables carteras y la camisa blanca, siendo esta última, de las primeras en identificarse como oradora del estilo personal de una francesa ni más ni menos que por su inigualable sencillez, elegancia y aire andrógino que revela.

Es cierto que todo el vestir de esta fémina destaca sofisticación y a la vez un sin esfuerzo, siendo la camisa blanca una prenda que lo permite. Al apreciar un poco de su historia, podemos recordar el inició de su recorrido en el siglo XVIII, en el que solo pertenecía al vestir masculino de clase alta. Ellos la llevaban con cortes más exuberantes, exagerados. No fue hasta los años veinte que pasó a ser parte del vestir femenino de una manera menos estructurada, gracias a la visión de grandes de la época como Coco Chanel. La cual desechó cortes de esa moda de edad media y fusionó la elegancia de las faldas con la masculinidad de la chaqueta y la camisa.

Con el pasar de los años, y emblematizada por actrices de Hollywood como Audrey Hepburn, modelos como Twiggy y cantantes como Patti Smith, la camisa blanca se fue impregnando de una esencia más versátil y andrógina. Lo que era el uso de la camisa blanca para un look estructurado, paso a concebirse entre un estilo más effortless, muy coordinado con el de la francesa. Por lo que ellas no dudaron en adicionarla en su guardarropa y posicionarla como una prenda must para decorar ese estilo personal simple y a la vez sofisticado del que son embajadoras pero del que no son las únicas dueñas.

Muchas mujeres poseemos rasgos de esa forma de vestir. Aunque también es claro, que por más parecido que parezca un estilo de otro, el de todas es diferente. Podemos usar la camisa blanca con botones abiertos hasta el pecho, doblarnos los puños y hasta levantarnos el cuello como lo hacen las francesas. A otras mujeres nos gustaría acompañarla de una pañoleta en el cuello o en las muñecas, una chaqueta de jean encima de los hombros o un chaleco de punto. Con jeans highwaist y tacones. Con minifalda y botines. Un sinfín de posibilidades que predican la versatilidad que ganó años atrás.

Y porque al final, de eso se trata el vestir. Basarnos en tendencias, pasadas o presentes, y en estilos, raros o comunes, y decorarnos como nos plazca, ya que sin duda el estilo personal es el alma de nuestra esencia. Las francesas son oradoras de un estilo. Hoy, nosotras lo miramos con admiración y tomamos parte de su allure para jugar un poco el nuestro.

En mi caso, me deje seducir por ese ideal francés y tomé una camisa rayada del guardarropa, unos jeans highwaist ajustados, y esos zapatos con tacón pequeño que tanto adoro y cuyo estilo me recuerda a los icónicos tacones de Chanel. Deje secar el pelo al natural y decoré mis labios con un pinta labios rojo. El resultado: el aire del estilo de la francesa envuelto en el mío. Ahora dime tu ¿cómo llevarías la camisa blanca, con ese je ne sais quoi francés, sin perder tu sello personal?

 

 

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