Las batallas de una mente fashionista

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ómo es posible vivir dentro de una sociedad conservadora y sentir la moda al mismo tiempo? es la inquietud que renace en mi mente todas las mañanas y la causante de mi dilema en el mirar de mi guardarropa: vestir cómo me plazca o vestir común; ser libre o no sentirme juzgada; vivir el arte o atenerme a unos ideales grises ya plasmados. ¿Cuál escoger? increíble para mi pero casi siempre elijo el vestir común. Lo acepto, es mi culposa verdad, mi realidad en aquellos días en los que me nace ser diferente y que para colmo, son casi todos.

El vestir diferente se ha instaurado como noción prohibida en muchos mundos y diría, con algo de cinismo, que especialmente en el mío que se limita de una ciudad de poca población en donde ideales cosmopolitas se ven raspados por las fuerzas restrictivas del conservadurismo. Si, quien creería que pensamientos de antaño aun existen en el ahora…

Ilustrando mi dilema, ayer una mañana de sábado, lo sentí tan vivo que lo quise materializar con esta narración: quería algo con pizcas de rareza pero debía ir a trabajar y deje esa opción a un lado. Tomé unos jeans con bota semi campana, una blusa oscura y simple, y le di un pequeño toque con una correa plateada. Siguiendo con el peinado, mi sensación de insatisfacción se agudizó y me cuestioné:

¿por qué tienes que ceder tu derecho de sentir libertad en el único día permisible para ti?¿por qué predispones tu libertad por el simple hecho de asistir a la oficina por unas horas? ¿por qué importa tanto la mirada de los demás?: no, es mi sábado, es mi día, es mi única oportunidad de la semana de ser una libre fashionista, ¿por qué me lo voy a dejar arrebatar del miedo?… Y me cambié completamente.

Tomé mis pantimedias negras, un saco manga larga mostaza y me puse encima un vestido negro de tirantes delgados junto con unos zapatos con tirillas entrelazadas en mis tobillos que me colmaron de comodidad y una indescriptible sensación de saciedad. Evoqué una mezcla de tranquilidad pura, chispeante, jugosa…

Y vuelven más preguntas… ¿en realidad importa para otros cómo me visto? ¿por qué pienso tanto?¿por qué dudo tanto en vestir algo diferente?¿será que también me juzgan si quiero dejar mi pelo enredado y libre con una cola baja y sencilla?¿Y si quiero mostrar la punta de las medias con mis sandalias preferidas del momento? Sin tanta habladuría, me incorporo y continuo con mis rituales matutinos sin que se alejen sensaciones de desconsuelo…

La moda es expresión y esta se ve cohibida en algunas mentes en muchos momentos. Aunque conocemos la respuesta para liberarla (dejar la confianza como el ornamento de lucha y la individualidad como el armadura) no es fácil no dejarse escabullir en las paredes seguras del vestir común.

Por ahora, lo que haré será vivir esa magia exagerada de la moda solo en los días en que me sienta capaz…

¿Tú vives las mismas batallas fashionistas? cuéntame, me encantaría conocer tu versión.

 

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1 Comentario

  1. Jose J Hoyos
    4 Diciembre, 2016 / 7:15 pm

    la fasionista mas linda del mundo y la mas versatil

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